Cómo la Ingeniería ha acompañado al Hospital Txagorritxu para paliar los efectos de la pandemia

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Hospital Universitario de Álava (Txagorritxu)

El ingeniero industrial Jon Muzás ha desempeñado un papel primordial en
la gestión de la crisis del coronavirus como parte del equipo que ha logrado
instalar más de 180 camas adicionales en el Hospital Universitario de Álava
(Txagorritxu). Se ha tratado de un completo plan improvisado para habilitar
zonas del complejo sanitario que ha permitido atender al elevado número de
pacientes que ingresaron en los primeros meses de la pandemia.

Jon Muzás consiguió el título de ingeniero industrial en el año 2007, a través de la Universidad del País Vasco y con la especialización en proyectos y estructuras. Colegiado en el Colegio de Ingenieros Industriales de Álava (COIIA), ha desarrollado su carrera profesional en empresas de diferentes ámbitos, entre ellas la compañía Boutefeu Ingeniería & Desarrollo, especializada en los servicios de Ingeniería de plantas industriales y arquitectura, donde ocupó por un largo periodo el cargo de project engineering manager.

Durante la crisis sanitaria, cuyos efectos aún persisten, Jon Muzás ha brindado su ayuda y conocimiento para paliar los efectos de la pandemia. Para ello, ha participado en la conversión de espacios hospitalarios adecuando zonas que tenían un uso determinado en otras destinadas a la hospitalización, unidades de cuidados intensivos o dormitorios para los sanitarios. “Se ha transformado la capilla en dormitorios, el 80% de las zonas administrativas en camas de hospitalización y las zonas de consulta en habitaciones con equipamiento médico”, detalla Muzás.

Como era previsible, esa labor no ha sido fácil, ya que, al trabajo contra reloj por el constante y rápido aumento del número de contagios, sobre todo en las primeras semanas, hay que sumar la gran cantidad de instalaciones que requieren las habitaciones de un hospital. Desagües, tomas de agua caliente y fría para baños, tomas de gases con tiradas infinitas de tubos, control de consumos, nuevos depósitos criogénicos, instalaciones eléctricas desde el cuadro de baja tensión general o esclusas de aislamiento son solo algunas de las infraestructuras necesarias, a las que hay que añadir los recursos humanos y materiales que todo ello requiere.

TRABAJO CON OSAKIDETZA

Actualmente, Jon Muzás es el ingeniero responsable del área de mantenimiento de Osakidetza, el Servicio Vasco de Salud, en la sede del Hospital Txagorritxu, situado en la ciudad de Vitoria- Gasteiz. Este centro dispone de 440 camas, a las que Muzás y su equipo consiguieron sumar 182 más, alcanzando la cifra total de 662, sin contar las UCIs. Aunque no llegaron a usarse todas prefirieron estar prevenidos, ya que la incertidumbre sobre cuál sería el pico más alto de hospitalizaciones obligaba a estar preparado ante cualquier situación. Todo ello, además, contando con las limitaciones que presenta un edificio construido desde hace más de 40 años.

“El reto ha sido el poco o nulo tiempo para pensar, se debía actuar y diseñar los espacios con la rapidez suficiente para que el número de contagiados no fuese mayor que las camas disponibles”, destaca Muzás. “Son muchos los factores que no se podían escapar, porque el colapso significaba parar el hospital o que los enfermos no tuviesen un lugar en el que alojarse”, añade.

Por tanto, debían tenerse en cuenta aspectos como la solicitud de materiales, la capacidad de las líneas eléctricas para evitar sobrecargas o el volumen de suministro de los tanques criogénicos.

Jon Muzás, en su área de trabajo como ingeniero responsable del área de mantenimiento de Osakidetza (Servicio Vasco de Salud) en la sede del Hospital Txagorritxu

Espacios como los gimnasios, la capilla, el área de rehabilitación o la biblioteca han sido reconvertidos en habitaciones, aunque ese no es el mayor reto al que se han enfrentado, sino el del consumo y suministro de gases medicinales. “El depósito criogénico de oxígeno en una situación normal dura alrededor de dos semanas, pero con el virus llegó a ser de solo un día. Eso implica que los gasificadores y las tuberías de suministro se congelaban”, explica el ingeniero industrial. Para evitarlo, tuvieron que acudir a un operario que, con cuidado de no dañar ninguna tubería, se dedicaba a eliminar el hielo de manera continua. Finalmente, se tuvo que instalar un gasificador en serie con el existente y otro depósito de oxígeno para que hiciese las veces de pulmón.

LA UNIÓN DE INGENIERÍA Y
SANIDAD

La Ingeniería es un campo tan amplio que, en una pandemia como esta, aparece de diferentes formas. En ese sentido, Muzás destaca la capacidad de algunas empresas para adaptar su producción a las necesidades del momento. “No hay más que ver las pantallas protectoras que se han diseñado, y a qué velocidades, o los respiradores de diseños caseros”, agrega el colegiado del COIIA.

Jon Muzás también resalta la influencia que han tenido todos los sectores para salir de la emergencia, haciendo hincapié en que “lo único positivo de esta crisis ha sido la unión de todos para luchar contra el virus. Hay sectores que han aportado muchísimo, como el servicio de limpieza, transporte, médicos, auxiliares, celadores o mantenimiento, y otro más ha sido el de la Ingeniería”.

De esta forma, también pone en valor el rol de los ingenieros industriales a la hora de aportar soluciones sanitarias. “Todo tipo de solución en salud requiere de conocimientos especializados, desde el diseño de espacios hasta la solución constructiva para el correcto desarrollo de la actividad sanitaria”.

Por último, el ingeniero industrial comenta que en estos momentos se encuentran inmersos en el proceso de vuelta a la normalidad tras la crisis que ha provocado el coronavirus, mientras que siguen trabajando en la prevención ante la posibilidad de una nueva ola de contagios en un futuro. “Se han desmontado habitaciones y UCIs y se han vuelto a convertir en sus espacios originales. Por otro lado, se están preparando nuevas zonas con esclusas y particiones de plantas entre zonas sucias (zonas COVID) y limpias”, matiza.