Nacido en Granada en 1938, estudió en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid y es catedrático emérito de la Universidad de Valladolid.

Su etapa profesional empezó en el ámbito académico como profesor de la ETSII de la Universidad Politécnica de Madrid y de la facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid, en la cual ejerció, además, varias décadas como director.
Junto a la enseñanza, José Ramón pudo desempeñar labores en el campo de la Tecnología como director del ITAP (Instituto de las Tecnologías Avanzadas de la Producción) y de la compañía Fasa Renault, hasta 1994, año en el que fundó el centro tecnológico CARTIF en Valladolid junto a otros socios.

Ha fundado el Instituto de las Tecnologías Avanzadas de la Producción de la Universidad de Valladolid, así como el Centro Tecnológico CARTIF. ¿Cómo han sido sus inicios?

Tanto en un caso como en otro, la actividad fue una continuación de lo que venía trabajando en investigación aplicada para diferentes empresas y para proyectos competitivos nacionales e internacionales desde la universidad. Realmente fueron ilusionantes y no especialmente duros, logrando desde el principio un crecimiento exponencial que nos mantenía con ganas e ilusión de continuar cada día.

Como director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Valladolid, ¿qué iniciativas pudo llevar a cabo?

Realmente la ETSII de Valladolid ha sido la empresa académica que más satisfacciones me ha dado ya que, por iniciativa del rector José Ramón del Sol, me trasladé, en la situación administrativa de supernumerario, a la Universidad de Valladolid entre los años 1974 y 1975, para preparar el expediente que entonces exigía el Ministerio de Educación y Ciencia. Como consecuencia de esta labor, en el Consejo de Ministros del mes de agosto de 1975, se aprobó la creación de la ETSII vallisoletana y se puso en marcha en el curso 1976-1977 con gran precariedad de medios.

Para su creación tuve que buscar los profesores y medios necesarios, así como arrancar los estudios. De esta forma, las tres primeras promociones tuvieron que terminar su segundo ciclo en la ETSII de Madrid, siendo la cuarta, entre los años 1980-1981, la que pudo acabar en la Escuela de Valladolid. En este último período tuve la satisfacción de poder proyectar, licitar y construir el edificio definitivo de la Escuela y, cuando dejé de ser director en 1984, estaba terminado a falta de dotación.

¿Cómo fue su trayectoria profesional en Renault?

Mi trayectoria en la compañía Fasa Renault la recuerdo como una etapa excepcionalmente buena, tanto desde el punto de vista profesional como de la amplitud de miras de sus dirigentes, a los cuales debo toda mi formación empresarial y mi experiencia en este sector.

¿Qué retos tuvo que asumir en el campo de la Automoción?

Al incorporarme al Grupo automovilístico Renault acepté varios desafíos, pero el más significativo fue conseguir que la factoría de carrocerías de la empresa alcanzase unos niveles de productividad, calidad y seguridad líderes en España. Otro reto fue buscar y obtener el mismo resultado en la factoría de motores y lograr, para la misma, el nombramiento de factoría líder dentro del Grupo Renault a nivel mundial.

¿Con qué universidades de índole internacional ha podido colaborar en el campo del control automático?

Los campos de control en los que más he trabajado e investigado son la optimización y el control adaptativo y robusto. Asimismo, las universidades en las que he tenido la suerte de formar parte a través de diversas contribuciones han sido la Universidad de Lund en Suecia, la Universidad de Michigan, la Universidad George Mason en Pennsylvania, la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh y la Universidad de Boston, entre otras.

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José Ramón Perán, durante una conferencia de CARTIF

En su actual puesto como director general de CARTIF, ¿qué objetivos se plantea?

En la fundación CARTIF, de la que formo parte accionarial junto con un grupo de profesores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Valladolid, trabajamos fundamentalmente en torno a cinco áreas de negocio: soluciones industriales, energía y medio ambiente, construcción e infraestructuras, agroalimentación y salud y calidad de vida.

El objetivo esencial a largo plazo que pretendemos cumplir es conseguir que el centro tecnológico sea un referente en investigación aplicada a nivel nacional y europeo. Por otro lado, a corto plazo, desde CARTIF queremos asegurar la sostenibilidad independientemente de las políticas de I+D+i del Gobierno, tanto el de la región de Castilla y León como el de España.

En 2009 recibió el Premio Castilla y León de investigación científica. ¿Cómo vivió aquel momento?

Fue una condecoración inesperada pero muy agradable, ya que es el reconocimiento a una vida. En ese premio se valoraba la aportación que había realizado a la innovación tecnológica y a las estructuras científicas de transferencia, además de reconocer mi actividad “permanente en y para Castilla y León”, y mi “relevante proyección” internacional.

Desde su punto de vista, ¿cómo ve la industrialización de España de aquí a 10 años?

Soy optimista, pero para ello es necesario una seguridad jurídica y estabilidad dentro de un entorno legal adecuado y fijo. Hay que definir un marco estable para la energía y un sistema serio de educación en general y, en particular, en las disciplinas de Ingenierías.

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