¿Cómo se decidió a estudiar Ingeniería Industrial?
Mi padre era profesional de la industria metalúrgica y agraria. Se dedicaba a realizar distintos elementos de calefacción, como estufas o maquinaria agrícola. Como consecuencia de esto, crecí en un entorno mecánico: entre fraguas, yunques, soldaduras, tornos, fresadoras y otros utillajes. Consecuentemente, terminé estudiando en la Escuela Superior de Ingenieros Superiores de Madrid.

¿Cómo fue su experiencia al frente del COIIAB?
Ser decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Albacete se debió principalmente a la separación del Colegio de la Comunidad Valenciana, al que pertenecía hasta entonces. Se decidió por problemas de autonomías la creación del Colegio Oficial de Albacete. Entré a formar parte de él, convirtiéndome en su primer decano, lo que se convirtió en una gran experiencia. Actualmente ya somos 150 colegiados.

¿En qué empresas trabajó antes de su experiencia como decano?
Comencé en Empresarios Agrupados, en Madrid, dedicándome a proyectos de centrales nucleares, en la sección de Climatización. Después, me dediqué al ejercicio libre en Albacete y provincia y, finalmente, a la docencia como profesor titular de la Escuela de Ingenieros Industriales de Albacete, impartiendo Termodinámica, Motores y Máquinas Térmicas e Instalaciones Industriales en Edificios. Al mismo tiempo, simultaneaba este trabajo con la promoción y edificación de viviendas y chalés.

Usted tiene viñedos y elabora vino, ¿cómo surgió esta idea?
Los viñedos vienen de una herencia familiar que fui transformando poco a poco hasta hoy en día. La plantación está totalmente puesta en espaldera y regadío, con variedades de uva chardonay, verdejo, tempranillo, cabernet sauvignon, sirach, merlot, garnacha tintorera y petit verdot. Hace tiempo empecé con mi mujer haciendo un poco de vino de bodega, artesanal y con una producción de unas cien botellas. Después seguí versándome en la enología con apoyo de amigos de la cooperativa que conozco y continué experimentando en vinos de bodega. Ahora fabricamos cinco variedades, lo que da para unas 400 botellas en total. Una vez elaboradas se las regalamos a nuestros amigos.

¿Por qué le gusta hacer vinos?
Por legado de mi padre, que tenía una mitad industrial y otra mitad de agricultor, que es al fin y al cabo a lo que se dedicaban mis abuelos, tanto paternos como maternos y que también tenían viñedos y fabricaban vinos. Por tanto, es algo que, como he comentado antes, me viene de herencia, y podría decirse que también en la sangre.

¿Ha pensado en alguna ocasión en comercializar sus vinos?
La verdad es que no, fabrico vino por placer además de por herencia. De hecho nosotros nos encargamos de todo el proceso, el único apartado que por así decirlo hemos externalizado es el etiquetado, que lo realiza una empresa especializada.

¿Realiza alguna otra actividad ajena al sector industrial?
Sigo dedicándome a la promoción y construcción de viviendas y chalés.

¿Qué es lo que echa más de menos de su experiencia como decano?
Sobre todo el buen compañerismo con los colegas de Albacete y con los decanos de los distintos colegios oficiales del Consejo General.

¿Diría que hay rasgos parecidos entre la Ingeniería Industrial y el sector vinícola?
La verdad es que podría decirse que hay tantas similitudes como diferencias. Lo bueno de tener una bodega y ser ingeniero industrial es que conoces cómo proyectar los procesos necesarios y llevarlos a cabo. Muchos ingenieros industriales se dedican y están especializados en la industria alimentaria, por lo que es una parcela más de nuestro conocimiento. Se podría decir que el único proceso en el cual no intervendría el conocimiento de la profesión que he estudiado y que he ejercido durante mucho tiempo, es la parte puramente agrícola, como el abonado del campo, la preparación de la tierra, la plantación, la poda y la recolección.

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