La Ingeniería suena a música de cámara

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Guillermo, Víctor, Santiago y José son ingenieros industriales y, desde hace algunos años comparten y practican una pasión común: la música de cámara.

Guillermo Fernández, Víctor Fernández, Santiago Fernández y José Plaza son cuatro ingenieros industriales que, además de ejercer su profesión, encuentran en la música un pasatiempo. Gracias a sus estudios de conservatorio, estos profesionales han compartido escenario en el concierto anual del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunitat Valenciana para dar un recital con sus instrumentos: piano, violín, saxofón y flauta.

¿Cuándo comenzaron su andadura en el mundo de la música?
Guillermo Fernández: En mi caso, empecé a estudiar música a los cinco años en el conservatorio de Tetuán y posteriormente continué en el de Valencia, donde acabé la carrera de piano a los 15 años con premio extraordinario.

Víctor Fernández: Desde que nací siempre ha habido un piano en casa. El interés por la música me lo inculcaron mis padres desde el principio.

Santiago Fernández: En el conservatorio Mestre Goterris de Villarreal, empezando a la edad de 6 años.

José Plaza: Fue con mis estudios en la escuela de música de la Sociedad Unió Musical de Torrent (UMT).

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¿Se dedican a la música de forma profesional o semiprofesional?
G.F.: No, pero suelo dedicar parte de mi tiempo libre y de ocio a tocar música, renunciando a otras actividades.

V.F.: No. Abandoné la senda que me hubiese permitido intentar ser músico profesional al dejar el conservatorio con 18 años, coincidiendo con mi ingreso en la ETSII.

S.F.: A veces. Suelo tocar en la Orquesta Supramúsica de Villareal, además de otras pequeñas actuaciones que pueden surgir, como bodas, bautizos y comuniones.

J.P.: Toco de forma amateur en la Banda Sinfónica y en el cuarteto de saxofones de la UMT, además de en una banda de pop-rock.

¿Logran reunirse con frecuencia para tocar los cuatro juntos? ¿Cómo recuerdan esta vivencia?
J.P.: Sí. Empezamos porque Guillermo organiza el Concierto Anual del COIICV. Yo me uní a ellos en 2005, Víctor lo hizo en el año 2011 y Santiago fue el más reciente, en 2016.

S.F.: Solo en el concierto anual del COIICV de 2016. Fue muy satisfactorio. Si tocar en un lugar como el Palau de la Música de Valencia ya supone un reto, hacerlo para ingenieros industriales es todo un regalo.

V.F.: Sí. Desde que cursaba el grado elemental, mi padre y yo empezamos con las obras más asequibles. Guardo entre mis mejores recuerdos las veces que he tocado en público y el tiempo que he compartido con mi padre ensayando.

¿Por qué escogieron sus instrumentos musicales y no otros?
G.F.: Yo era muy pequeño y no creo que tuviera mucha capacidad de decisión, pero es verdad que me encontraba a gusto con el piano y nunca pensé en cambiar.

V.F.: En mi caso, el piano fue al cien por cien por influencia paterna.

S.F.: El violín era uno de los instrumentos cuyas aulas no estaban masificadas, como sí lo estaban las de piano y guitarra. Este hecho, unido a la magnitud que tiene una orquesta sinfónica y el gran número de violines que tocan en ella, hizo que finalmente eligiese este instrumento.

J.P.: Inicié mis estudios musicales y de flauta en la enseñanza primaria y terminé el título profesional de saxofón después de mis estudios de Ingeniería Industrial.

¿Creen que sus conocimientos sobre Ingeniería Industrial les influyen en la música, o viceversa?

G.F.: Acabé la carrera de música antes que la de Ingeniería. Ambas se parecen en el sentido de que te obligan a estar totalmente concentrado y pendiente de lo que haces. Si te despistas es muy fácil que cometas fallos en la música, o malas decisiones en el caso de la Ingeniería.

V.F.: Desempeño un puesto de trabajo que requiere el manejo de varios programas de forma simultánea. El gerente de la empresa me dijo entre risas: “si te aclaras con tantas notas y con cada mano por un lado, puedes con esto”. Más allá de la anécdota, no veo en qué medida la música me convierte en mejor ingeniero, pero desde luego me hace muy feliz.

S.F.: Para mí, la pregunta se tendría que plantear al revés. Considero que la formación musical que he recibido me ha ayudado en multitud de aspectos. La consecución de la carrera de Ingeniería Industrial y su posterior ejercicio profesional ha sido uno más de ellos.

J.P.: Sí. El método de estudio del ingeniero es similar a la interpretación de una partitura musical.

¿Se han planteado dedicarse en exclusiva a la música y dejar de un lado la Ingeniería?
G.F.: Sí, definitivamente.

V.F.: Sí, pero no me arrepiento de no haberlo hecho. Sin duda tocaría mejor el piano, pero la música es muy agradecida a todos los niveles. Disfruto si siento que progreso, sin necesidad de llegar a ningún nivel en concreto. Estoy encantado de que mi gran afición no coincida con mi trabajo, aunque muchos piensen que sea la combinación perfecta.

S.F.: Antes de empezar la carrera de Ingeniería Industrial sí que contemplaba la música como una posible salida laboral, pero al empezar de lleno con la Ingeniería comienzas a definir tus salidas profesionales, dejando algunas al margen.

J.P.: Lo he pensado, pero como una posibilidad no muy cercana.

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