Javier Bodas Ortega nació en Belvís de la Jara (Toledo), aunque ha vivido desde pequeño en Madrid. Es perito industrial e ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Madrid. Tras varios años como ingeniero de proyectos en el sector privado, en 1984 ingresa en el Ayuntamiento de Madrid, donde ha ejercido varias responsabilidades. En 2012 publicó su primera novela: ‘Reina sin don’, finalista del Premio Fernando Lara de 2010.

El blog literario de Javier Bodas: ‘Las cosas que no son de este mundo

¿Qué le impulsó a escribir?

En un momento de mi vida, razones personales y un sentimiento de laguna en mi apreciación literaria me incitaron a asistir a diversos talleres de literatura, poesía y relato. Esto ocurre en 1992. Años más tarde, ya en 2002, consigo finalizar mi primera novela, ‘Reina sin don’. Todo ello compatibilizándolo con la actividad profesional de ingeniero industrial con distintas responsabilidades en el Ayuntamiento de Madrid. En mi blog personal escribí una carta a José Luis Sampedro sobre la grandeza de la escritura comentando su libro ‘Escribir es vivir’.

¿Cómo ha recibido la crítica sus obras?

En general han sido buenas, aunque muy escasas. Por supuesto, acordes con el escritor novel que uno se siente y también es. Cuando me presento sigo diciendo que soy perito industrial e ingeniero industrial, además, por vocación. Y con letra pequeña y cierto pudor digo que soy escritor atendiendo a las obras ya publicadas, pero, ¡ojo!, ¡novel! ¡Que a nadie se le olvide! Y así me lo recordaban las editoriales a las que llamaba hace años enviando mis borradores de trabajos con el comentario, “absténganse noveles”. En ese sentido, debo agradecer a pequeñas editoriales como Atlantis y Sial Pigmalión por haberme dado la oportunidad de publicar con ellos.

Todo escritor tiene sus rituales a la hora de escribir, ¿cuáles son los suyos?

En narrativa actualmente redacto directamente en el ordenador. No así en poesía. La poesía siempre la tengo que escribir con pluma y papel usando borrador tras borrador, donde cambio y cambio rellenando hojas y hojas hasta que sale. Entonces paso al digital, donde vuelvo a corregir y cambiar hasta que las lecturas en voz alta encuentran el tono adecuado a las palabras. Pero aparte de esto, he de decir que tampoco tengo manías ni rituales particulares, quizás, porque para mí la escritura siempre ha sido algo ‘de restos’. Quiero decir de restos de tiempo que debo sacar de donde pueda y cuando pueda porque nunca ha sido mi actividad principal, aunque no la menos importante en mi vida. Siempre he tenido que hacer otras cosas más importantes, al menos teóricamente. Cuando me pongo a escribir es de forma impulsiva, casi a escondidas, porque todos estos años atrás he tenido a la Ingeniería que mandaba y ponía fecha.

Es difícil generalizar pero, ¿sobre qué habla en sus obras?

Es complicado, desde luego, depende del momento vital en el que las escribí. Por ejemplo, en la primera de mis novelas, ‘Reina sin don’, el personaje principal, Adora, trabaja en un centro de disminuidos psíquicos. Cuento las luces y las sombras que experimenta en su vida, hasta que se ve involucrada injustamente en un hecho aislado y dramático que tiene lugar en su trabajo, desatando una serie de acontecimientos que le afectan directamente en su vida personal y que le hacen cuestionarse su propia existencia. Por otra parte, mi segunda obra, ‘Cuentos, confesiones y… caídas’, está compuesta por una serie de relatos breves e independientes, de los que se extrae una búsqueda del sentido de la vida. Por último, ‘Poemas de Adviento… entre canciones de esperanza’, mi último libro, es un recopilatorio de poemas que escribí en Adviento a mis seres queridos como regalo de Navidad a lo largo de 20 años. Período donde uno mismo se ve evolucionar y transformarse, viviendo un punto de inflexión en la vida, que creo que el lector será capaz de percibir. Además, recoge las canciones que he llamado ‘de esperanza’, versos que invitan a aceptar que no está todo perdido en la vida, haciendo de cada mañana una nueva oportunidad.

¿Cuáles son los libros que más le han marcado?

Me vienen rápidamente a la memoria tres libros leídos hace unos años, justo cuando escribía, ‘Reina sin don’. En primer lugar, ‘Valle-Inclán: los botines blancos de piqué’, de Francisco Umbral, por el riguroso análisis de la obra de Ramón María y de las referencias al esperpento, no alejadas de los personajes escondidos tras la máscara, o la máscara que esconde a las personas. En segundo lugar, ‘Escribir es vivir’, de José Luis Sampedro, que ya he citado. Uno de los temas que trata esta obra es la importancia literaria del lugar en el que naces, los escenarios por donde pasas y cómo transcurren los primeros años de tu vida, algo que te marca profundamente. Por último, destacaría ‘El Espectador’, de Ortega y Gasset. Con la descripción del punto de vista y la perspectiva con la que cada persona ve la vida, dependiendo de su situación y su contexto.

¿Qué libro se encuentra leyendo actualmente?

Estoy terminando de leer ‘El hombre corriente’, de Chesterton, y releo simultáneamente la ‘Antología rota’, de León Felipe y ‘El drama del humanismo ateo’, de Henri de Lubac. Además, de mi paso hace años por varios talleres literarios de Madrid fue significativa la asistencia a un seminario que organizaba la entonces llamada ‘Escuela de Letras’ sobre fuentes literarias de la Biblia. De aquel seminario merece destacar el interés que despertó en mí descubrir la diversidad de géneros literarios de este libro sagrado, tales como el histórico, el sapiencial, el profético, el legislativo, el apocalíptico y los matices de cada uno de ellos. Debido a ello, cada día leo también un capítulo de la Biblia.

No vivimos el mejor momento de la industria editorial. ¿Cómo ve el futuro del sector?

Mi primera novela se publicó en 2012, sin embargo, la terminé diez años antes, en 2002. Fue una de las diez obras finalistas de la XV Edición del Premio de Novela Fernando Lara de 2010. De esto me entero cuando la editorial Atlantis se interesa por ella. Para publicarla, tuve que hacer una compra mínima de los 100 primeros ejemplares que, afortunadamente, pude pagar con los libros vendidos en la presentación en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Esto es un peaje que la mayoría de editoriales más humildes te obligan a pagar y, en cierto modo, es algo normal. Por otra parte, hay mucha discusión en este momento sobre el libro electrónico y la autoedición, algo que yo nunca he hecho y realmente tampoco me he planteado. Respecto al ebook sí que soy partidario y creo en la coexistencia de la fórmula tradicional y la digital, ya que considero que ambas se complementan y retroalimentan mutuamente.

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