Las ciudades de Guipúzcoa y Vizcaya mantienen una tradición en común en cuanto al sector económico, una actividad asociada a la transformación del mineral de hierro, la industria siderúrgica, que se convirtió durante siglos en un pilar fundamental de creación de empleo en la zona.

Los orígenes provienen del aprovechamiento de tres elementos básicos para su explotación como son los yacimientos de hierro existentes, especialmente en el Valle de Somorrostro (Vizcaya), grandes bosques que contenían árboles que serían convertidos en carbón vegetal para los hornos y una red hidrográfica extensa.

DE LA TRADICIÓN A LA MODERNIDAD EN LA SIDERURGIA

Remontándonos a la época romana, la actividad ferrona se realizaba entonces al aire libre con la ayuda de hornos semiexcavados en la tierra o en masuqueras (conocidos en Vizcaya bajo ese nombre). Esto no evolucionó hasta el siglo XII cuando la reducción del mineral para la posterior obtención del hierro se comenzó a realizar en espacios cerrados, los cuales se encontraban cerca del curso del agua para aprovechar los saltos del cauce y, así, mover martinetes y fuelles.

Estos sistemas son considerados las primeras ferrerías hidráulicas, ya que contenían almacenes y carboneras, junto a la propia infraestructura hidráulica, que activa los fuelles del horno y el martillo. Aunque este proceso resultó un avance, no fue suficiente para obtener el calentamiento de la masa óptimo para trabajar el material, que necesitaba ser acelerado mediante insuflación de aire con fuelles a través de toberas.

Con la llegada del siglo XIX, el declive de las ferrerías iba en aumento debido al alto coste del carbón, acompañado de un retraso tecnológico evidente, lo que creó una fuerte competencia de los productos importados.

EL COMIENZO DE UNA NUEVA ERA

Aunque los avances iban en aumento, no es hasta mediados del siglo XIX cuando en las ciudades de Euskadi se da el salto definitivo de abandono de las manufacturas tradicionales y se inicia una producción del hierro bajo un sistema de fundición basado en alto horno, o lo que es lo mismo, de manera indirecta, alimentándose de carbón mineral.

Esta nueva forma de producir ya se utilizaba un siglo antes en Inglaterra, pero no fue hasta su implantación en España cuando se mejoró la calidad y la cantidad en la producción siderometalúrgica y, con ello, se redujeron costes. Se consumía menos mineral y se utilizaba, en contraposición, un tipo de pétreo que se extraía directamente de las propias minas de Vizcaya.

Este avance supuso una fuerte demanda en sectores como el de la construcción, el ferrocarril o el sector naval, porque existía un abaratamiento más que evidente del acero y del hierro. El nuevo sistema, denominado como Bessemer, hizo que Vizcaya se convirtiera en capital del acero español.

ALTOS HORNOS DE VIZCAYA

Conocida actualmente como AHV, o lo que es lo mismo, la empresa Altos Hornos de Vizcaya, fue considerada una de las siderurgias más importantes del País Vasco y, posiblemente, del resto de España.

Esta siderurgia nació como resultado de la fusión en 1901 de las empresas Altos Hornos de Bilbao y La Vizcaya, fábrica de hojalata. Posteriormente se le une también la ‘Compañía Anónima La Iberia’, como una forma de integración de la industria de obtención del hierro y la fabricación de botes de conserva y, finalmente, en 1924, AHV compra además la empresa San Francisco.

El camino que comienza a partir de estas fusiones es ascendente, un crecimiento que va en aumento año tras año con nuevas factorías en Sestao y Barakaldo, tan solo interrumpido por algunas crisis venidas de la Guerra Civil. Las novedades tecnológicas del momento y los nuevos sistemas productivos se incorporan a las centrales de trabajo, reemplazando las antiguas máquinas de vapor.

A punto de terminar los años 50, la producción de hierro llega a su punto máximo con 16.678 toneladas anuales y, diez años después, en 1969, AHV decide ampliar la empresa con la adquisición de Laminaciones de Lesaca. Pero los buenos tiempos no duran demasiado y, en los años 80, el grupo empresarial sufre una profunda crisis de la que no se recuperará.

EL DECLIVE SIDERÚRGICO

A pesar de las importantes inversiones realizadas, una inyección, tanto técnica como de capital, por parte del Estado y de Norteamérica, no fue suficiente para remontar lo que se comenzó a desmoronar con el cambio de ciclo económico a partir de 1974. Altos Hornos de Vizcaya comienza por aquel entonces a registrar pérdidas que llegan a un 17% en la facturación.

Ante un intento por salir del bache, se acoge en 1984 al ‘Plan de Reindustrialización’, el cual supone una reducción del volumen de las instalaciones cuando contaban con cerca de 11.000 trabajadores directos. La empresa acabó pasando al sector público y cerró las instalaciones del tren de bandas en caliente de la zona de Ansio. Finalmente, es en 1996 cuando la vida de las últimas dependencias de lo que fue AHV llega a su fin, durante la ejecución del ‘Plan de Competitividad Conjunto AHV-Ensidesa’ que se intentó crear.

Años más tarde, el recuerdo de esas instalaciones se conserva, muy cerca de la Acería Compacta de Bizkaia (ACB), que actualmente es conocida como Arcelor Mittal Sestao, el legado que dejó la antigua AHV en la Margen Izquierda. Solo una parte de la industria inicial de Horno Alto sigue en pie a día de hoy, midiendo 80 metros de alto y con un diámetro medio de 18 metros. Su gemela está derruida, pero la que aún se conserva, inaugurada en 1959 de la mano de Asunción Orive Muñoz, hija del más antiguo productor de AHV, mantiene un aspecto óptimo.

AHV, INFLUENCIA PARA OTRAS SIDERURGIAS

Altos Hornos de Vizcaya no fue la única industria siderometalúrgica que nació en la zona del País Vasco, ya que, tras la fusión de AHB y La Vizcaya, otras siderurgias como Santa Ana de Bolueta o Echevarría, empezaron a establecerse.

En zonas colindantes como Guipúzcoa también se desarrollaron industrias del mismo sector, incluso antes de que AHV existiera. Así pues, fundiciones del nombre de CAF de Beasain (1861), Aurrera (1888) o Altos Hornos de Bergara (1901) ya estaban funcionando con anterioridad. Aunque Vizcaya y Guipúzcoa mantienen este origen en común, es más la segunda ciudad la que se decanta por la transformación del metal (industria metalúrgica) ya que se remonta a unos orígenes de ferrerías tradicionales.

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