Nacido en A Coruña, estudió Ingeniería Industrial en la Escuela Politécnica Superior de Ferrol de la Universidad de A Coruña. Comenzó a trabajar como ingeniero en la sede en Barcelona de Technip Iberia, una multinacional francesa. Torneiro tiene una carrera multidisciplinar y entre sus diversas facetas destacan la Ingeniería, la música o la cocina. Durante 15 años ha sido profesor superior de música y hasta hace unos meses trabajaba como experto de Obra Civil y Estructuras en Technip, momento en el que decidió volcarse en la cocina tras su paso por el concurso MasterChef.

¿De dónde procede su gran pasión por la cocina?

A diferencia de lo que muchos piensan, mi afición por la cocina me viene por algo totalmente independiente a mi familia. Yo comencé en la cocina casi por obligación en el reparto de tareas domésticas con mi pareja, puesto que me tocó la cocina. Posteriormente, mi mujer me regaló un curso de cocina japonesa y ahí se despertó en mí el interés por la gastronomía. Aunque es cierto que vengo de una familia hostelera, ya que mi madre ha sido ‘pulpeira’ y mi tía tiene una pulpería en A Coruña.

¿Dónde trabaja actualmente?

He empezado a trabajar en la cocina de ABaC, un restaurante de dos estrellas Michelín en Barcelona. Además, acabo de aparcar la Ingeniería hace unos meses, pues he decidido, tras el concurso, dedicarme un año a cocinar con la idea de aprender todo lo posible sobre el mundo de la gastronomía, aunque, a priori, no voy con la intención de dedicarme profesionalmente a ella. Seguramente acabaré encargándome de los negocios familiares (hostelería, negocio de alquileres y empresa de telecomunicaciones), ya que mi padre se va a jubilar pronto.

¿Por qué decidió presentarse al programa televisivo MasterChef?

No lo pensé mucho. Me encontraba solo y aburrido en casa viendo MasterChef Junior y al ver el rótulo para apuntarse, decidí inscribirme casi de ‘broma’. Cuál fue mi sorpresa que fui pasando las rondas y, finalmente, llegué al programa sin haberme creído aún que lo que estaba sucediendo era cierto.

¿Cómo era ser el ingeniero del programa de televisión?

Francamente, yo era muy diferente del resto de concursantes que había en el programa, sobre todo por mi forma de estructurarme a la hora de aprender y mi necesidad de conocer el porqué de las cosas que hacíamos, apreciándose así mi perfil de ingeniero. Por otro lado, cabe reseñar que el tema de la creatividad va aparte y que para progresar era más importante estructurar el conocimiento culinario que íbamos adquiriendo en el concurso.

¿Cómo ha sido su experiencia en el reality?

La experiencia ha sido dura. En ella, el nivel de aislamiento es bastante severo, ya que solo podemos hablar diez minutos a la semana con un móvil de la productora en modo altavoz y siempre acompañado por alguien de la organización del programa. En definitiva, estábamos prácticamente aislados, por lo que vivir con 15 personas en ese régimen de aislamiento era complicado. Podríamos decir que estábamos metidos en una ‘olla a presión’ en la que se hacía muy difícil la convivencia. Tal y como yo decía, “no es que cada uno sea de su padre y de su madre, sino que somos de padres y madres seleccionados”. En definitiva, el programa no es una estadística de la población, es un espectro de lo que podía ser un bestiario, es decir, éramos personajes. Se veía perfectamente como nuestras personalidades marcaban extremos en un espectro, intentando recoger los diferentes perfiles de la sociedad, pero no la sociedad en sí.

¿Qué le ha aportado su paso por el programa?

El mayor activo que me llevo de MasterChef es el aprendizaje sobre la inteligencia emocional adquirida a lo largo del programa, gracias a la convivencia con todas estas personas con las que intentabas tener una buena relación. Esta convivencia, en unas circunstancias tan excepcionales, me ha sido de gran ayuda en mis relaciones profesionales actuales.

¿En qué proyectos se encuentra inmerso actualmente?

PabloWEB

Actualmente me gustaría crear cursos infantiles sobre ciencia y cocina, por lo que tengo en proyecto llevar a cabo talleres en los colegios para niños de Primaria y Secundaria, ya que considero que es la mejor edad para adquirir conocimientos gastronómicos. En estas sesiones sería interesante mostrarles los conocimientos físicos y químicos que existen detrás de la cocina.

Y en el sector discográfico, ¿cómo ha sido su experiencia?

Toda una época de mi vida me he dedicado a la música. He sido concursista de gaita y empecé a tocar y grabar, con este y otros instrumentos, en diferentes grupos de música folk, en general, no muy conocidos. También soy profesor superior de música en acordeón y he sido profesor de música durante doce años.

¿Cuál sería su clave para tener éxito como ingeniero hoy en día?

Principalmente, creo que es cuestión de tener determinación y, en su defecto, una necesidad. Yo me he intentado reinventar muchas veces, incluso llegué a sacarme cursos de controlador aéreo, aunque finalmente eso no llegó a nada. Sinceramente, y dada la experiencia que tuve mientras me sacaba el título como profesor, puedo decir que los ingenieros somos personas muy inteligentes y grandes solucionadores de problemas, pero no sabemos esquivarlos o evitarlos y ahí está la virtud, es decir, hay una especie de conformismo con lo que nos viene encima y estamos tan habituados a que nos den ‘caña’ que pensamos que es lo normal. Ese conformismo lleva a un inmovilismo que deberíamos cambiar.

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