Nacido en Mataró, realizó sus estudios de Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Cataluña, siendo posteriormente reconocido como ‘Ingénieur Européen’ por la European Federation of National Engineering Associations (FEANI). Conocido por su empresa Telesincro, decidió redirigir su labor con la llegada de la democracia, alcanzando la Alcaldía de Mataró y llegando a ser ministro de Industria y Energía con Felipe González. Al concluir la legislatura fue conseiller de la Comisión Europea, así como presidente en diversas instituciones internacionales. Recientemente, ha sido director de la Corporación Catalana de Radio y Televisión. A día de hoy es presidente de la Fundació Ernest Lluch y del Círculo para el Conocimiento.

¿Cuál ha sido su etapa más difícil a nivel profesional?

Sería difícil identificar la más complicada. Los tres períodos más intensos y más excitantes fueron los que significaban crear cosas nuevas e introducir innovaciones en un momento de cambio, tanto en el sector privado como en el público. Esto lo viví en los años 70 en mis empresas, durante los 80 en la Alcaldía y el Ministerio, y en los 90 en Bruselas con Jacques Delors, expresidente de la Comisión Europea. Fueron años complicados, pero no muy duros.

¿Considera complicado legislar en contra de los intereses de las grandes compañías eléctricas?

Creo que la gestión del suministro de servicios básicos no debe dejarse exclusivamente a las empresas privadas. El mercado libre funciona muy bien cuando hay competencia, pero en este tipo de servicios existe un cierto ‘monopolio natural’. Por ello, las empresas tienen mucha fuerza frente a los reguladores públicos. Curiosamente, hace poco tiempo, la Comisión Europea ha iniciado un proceso por sospecha de subvenciones encubiertas en los sectores eléctricos de varios países. No estoy a favor de la nacionalización, pero sí de una regulación más clara y de, tal vez, utilizar el modelo de la ‘concesión’, que permite conservar el carácter de bien público con gestión privada.

¿Cómo surgió la idea de fabricar el primer ordenador en España?

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Al terminar la carrera estuve un tiempo trabajando en París en una empresa de automatismos electrónicos. La experiencia me sirvió para, junto con otros dos compañeros (uno de ellos profesor de Electrónica), lanzarnos a crear una empresa para fabricar pequeños ordenadores. El fichaje, al cabo de dos años, de Jordi Vidal, un ingeniero brillante que también conocí en la escuela, nos permitió dar un paso muy importante en el diseño y crear un laboratorio potente capaz de lanzar al mercado ordenadores más completos. Fue una aventura apasionante con la que conseguimos ser un competidor importante en el mercado español frente a compañías como Philips, Olivetti o Nixdorf, entre otras. Nuestra empresa llegó a tener casi 500 trabajadores, y acabó comprada por la conocida marca japonesa Fujitsu.

¿Por qué España está por detrás de otros países en materia de informática y computación?

Los procesos de desarrollo y modernización de las economías tienen unas etapas y unos ritmos ineludibles. España, hasta los años 60, estaba francamente por detrás de estos países, tanto por su situación política como por su aislamiento económico. Por ello, cogió tarde el tren de las tecnologías TIC. Solo en el último cuarto de siglo empezó a recortar distancias, aunque no de forma plena. Era muy difícil poder esperar otra cosa.

¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la Industria para incentivar la economía española?

Parte del sector industrial ha reaccionado frente a la disminución de la demanda interna y ha conseguido aumentar mucho las exportaciones. Pero esta subida se ha basado en la reducción de costes, sobre todo laborales, y ello no es suficiente. Si nuestra competitividad exterior se basa en precios bajos, no podremos mantenerla frente a los países emergentes. Debemos competir en calidad, en servicio y en innovación, y esto se consigue aumentando la inversión en capital físico, y mejorando la calidad del capital humano.

¿Cómo ve la economía española dentro de 5 años?

La entrada en la Unión Europea fue el mejor estímulo para modernizar nuestra economía. Pero a partir de los 90 hemos seguido algunos caminos equivocados, de los que citaría cuatro: la excesiva importancia del sector de la construcción inmobiliaria, la apuesta por los servicios turísticos de baja calidad, una desviación de la inversión desde las actividades industriales hacia las de tipo financiero y especulativo, y unas políticas educativas y laborales que han configurado una pirámide con un exceso de personas de baja formación y una falta de personas con formación intermedia. Todo ello ha configurado una economía de poca productividad y poca eficiencia. En 5 años no lo arreglaremos, pero si aceptamos el diagnóstico podemos mejorar mucho en este tiempo.

¿Qué consejo daría a los jóvenes afectados aún por la crisis?

Que tengan presente tres cosas: primero, que las actividades relacionadas con la Industria y la Tecnología, tal como he explicado, son las que más demanda y mayor calidad pueden generar en el futuro. Después, que la formación específica es importante, pero lo que más se buscará es una buena formación personal y habilidades de tipo general para trabajar con flexibilidad, colaborando en equipo y adaptándose a los cambios. Y finalmente, que nuestro territorio ya es Europa, y en ella se prevé un déficit importante de este tipo de perfiles. Por ello, es necesario ampliar horizontes, tanto profesionales como lingüísticos. La recuperación en España puede ser más lenta, pero los flujos de personas en ambas direcciones pueden ayudar a acelerarla.

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