DANIEL PRIETO RENDA

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¿Cómo fueron sus inicios profesionales?

Comencé como director de producción en una empresa de fabricación de troqueles de cartón con tres plantas en España. Fue una época de mucha modernización de la empresa, que me permitió aplicar gran parte de los conocimientos adquiridos durante la carrera y conseguir muy buenos resultados al tiempo que crecí rápidamente en experiencia profesional. Es algo por lo que siempre estaré agradecido a esa empresa que confió en mí en aquel momento.

¿Qué destacaría de su trayectoria profesional como ingeniero?

Después de trabajar por cuenta ajena, decidí emprender en el mundo de la Ingeniería. Tras 18 años, echando la vista atrás, encuentro momentos de todo tipo con muchos cambios constantes y siempre con un reto permanente, que es el dar la mejor solución al cliente, como si fueras tu mismo. Hemos estado siempre innovando y desarrollando diferentes soluciones, entre las que desataca en los últimos tiempos el Gemelo Digital, en el marco de la industria 4.0..

¿A lo largo de su carrera laboral, ¿qué cambios ha vivido la profesión del ingeniero y cómo le han afectado?

Hemos visto muchísimos cambios que han modificado el entorno en el que trabajamos, unos para mejor y otros no tanto. Desde la irrupción de la tendencia 4.0, todo se ha acelerado y ha permitido que las tecnologías estén al alcance de cualquiera, haciendo que la capacidad y el talento de las personas sean el motor del cambio. Los ingenieros industriales hemos sido capaces de asimilar y liderar muchos de ellos.

 Y usted, ¿qué cambios ha vivido a lo largo de su carrera profesional?

Desde que comencé a trabajar ha habido dos tipos de cambios fundamentales, los tecnológicos y los sociales. De los primeros ya hablamos un poco más adelante y de los segundos cabe destacar cómo la profesión ha sido más consciente de su cercanía a la sociedad y de su integración en el desarrollo de la misma. Es verdad que el cambio principal ha sido la adaptación al marco europeo, que se ha realizado sin criterio, tanto para las competencias como para la disparidad de titulaciones que se han creado últimamente. Esto, lejos de favorecer a la profesión, creo que ha ido en contra.

¿Qué se debería hacer para potenciar el perfil de ingeniero sénior en nuestro país?

Lo primero sería poder trabajar en la diferenciación del mismo, ya que, con las nuevas titulaciones de grado, máster, doctorado y las nuevas áreas de trabajo, existen muchas diferencias entre los antiguos títulos y los actuales. Esto provoca en las empresas muchas dudas a lo hora de conocer las capacidades de los ingenieros que pueden contratar. A día de hoy existen demasiadas particularidades y diferencias entre los seniors y las nuevas generaciones de ingenieros industriales.

¿Qué valor aporta un perfil como el suyo, con su dilatada experiencia, a las empresas?

Habitualmente suelo responder a esta pregunta con una reflexión: somos de una época en la que hemos visto la tele en blanco y negro con solo dos canales, en una España de la transición donde todo giraba a gran velocidad. Hoy creamos, definimos, desarrollamos y manejamos tecnología que hace unos años veíamos en las películas de ciencia ficción. Esto nos ha permitido tener una capacidad analítica y estratégica que nos permite enfocar el futuro como interface entre generaciones que ya están saliendo del mercado y las que se están incorporando. Somos un agente imprescindible en esta revolución tecnológica.

¿Cree que su profesión está justamente valorada en España?

Desde mi punto de vista, creo que deberíamos de estar mejor considerados en un momento en que la clave son las personas y donde, aunque los avances tecnológicos se produzcan y se repliquen a una velocidad inimaginable, lo único que no se podrá copiar o replicar es el talento y la intuición. Y de eso los ingenieros industriales tenemos muchísimo.